
Ella ha enfermado hace muchos años, no ha podido salir de la cama. Yo me encuentro siempre a su lado, hago lo que puedo. No mucho pero, es lo único que puedo hacer. Le doy de beber mientras despierta y a veces es necesario darle uno que otro alimento. Nuececita estar fuerte. Y yo debo cuidarla. He cambiado la posición de su cuerpo en la cama, para que pueda estar frente a su cuadro preferido el cual he traído de la sala para ella. Es un bonito cuadro. Ella lo sabe y me lo ha hecho creer. En él se aprecia la noche, una mujer y el rio. La mujer camina con su mirada clavada en las rocas, lo cual le da un aspecto de tristeza. También he ido a la bodega y entre tantos libros en completo deterioro, encontré su preferido. Lo hice por ella. En su portada, se aprecia una gotas como distorsionando el rojo vino que lo cubre. Dentro contiene hermosos cuentos que le adormecen el alma, recordando su infancia en donde se entregaba con placer al sueño. Yo me encargo de esta tarea. Todas las noches leo junto a ella en voz grave y áspera, ella lo disfruta de esta manera. Todo esto lo hago con un enorme placer, no deberían pensar que lo hago porque ella ha de morir y soy la única persona que puede realizar esta tarea. Realmente me encanta el ambiente que generamos juntos. Su enfermedad, el cuadro, la luz tenue de la vela y los hermosos cuentos que poco a poco voy relatando con una voz quebrajosa. Todo se vuelve perfecto. He olvidado contarles que debo darle de beber, siempre antes de cualquier cosa, debo sujetar su cabeza y hacer que tome toda su agua. Si no hiciera esto, ella moriría. Cuando ella cae profundamente dormida, suelo sentirme triste y me sumerjo en pensamientos absurdos. Si! Ustedes lo saben, también bajo la sabana y observo sus pechos perfectamente curvados a pesar de su deterioro. Pero mi mirada se clava entre sus pechos y su axila. Debo confesar que me es imposible no extender mi mano y tocar su piel debajo de su axila y lentamente dirigirla hacia sus pechos los cuales cuidadosamente sigo observando pero no debo tocarlos. Tampoco lo deseo. Es suficiente, quizá he contado más de lo que, les podría interesar. Por ese motivo, he aquí el final. Llego a casa, subo al cuarto. La encuentro con sus pechos descubiertos. Alguien más lo ha hecho. No yo. Me asusto y lentamente empiezo a generar fuertes emociones justo al mismo tiempo en que rompo en llanto y huyo del cuarto. Salgo.
Fin.
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