Hematofobico, cobarde y ausente.

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Todo es un sueño, lo sé por el maravillo camino estrecho en donde me encuentro. Es casi irreal. En donde todo se derrumba apresuradamente, me aterra ver hacia abajo. Le temo a las alturas. Pero quien necesita ver hacia abajo cuando entre los escombros se figuran rostros, fetos en un llanto eterno, dedos, aves, cráneos, ancianos y grabados rupestres con formas de caballos a mi alrededor. Yo subo cuidadosamente el camino, visualizo 2 personas con armaduras y espadas en la cima. Se sienten victoriosas debido a que han arrojado a alguien hacia el precipicio y llenan sus almas de regocijo y gozo mientras observan los restos de su víctima. Yo camino desnudo y olvido cada trecho que avanzo, me concentro en ellos. Debo matarlos. Me será fácil al llegar a la cima, pero resbalo y mi paso por el camino se vuelve muy lento. No importa, de igual forma avanzo unos centímetros más de lo que retrocedo, esto hará que en cualquier momento me encuentre detrás de ellos. No les temo. Pienso advertirles de mi presencia antes de matarlos. Lo sé, ellos me llevan enorme ventaja al llevar armaduras y espadas entre sus brazos, pero yo no les temo. Y podrán atravesar mi cuerpo con sus espadas mas no moriré antes de verles morir. Sé que no tiene sentido, pero no sé cómo esta idea se aferra a mi cabeza tan fuertemente. Quizá alguien en la entrada del camino me lo ha dicho y yo ya lo he olvidado. Debería pensar y tratar de recordar, pero al intentarlo no le encuentro sentido ya que simplemente tengo la convicción que puedo apagar sus carcajadas burlisticas y su vil regocijo al estar detrás de ellos y me acerco lentamente y trato de no resbalar ya que a esto mis pies se empiezan a agrietar. Camino desnudo y no tengo vergüenza. Un ejército de recuerdos camina conmigo y fuertes almas ancestrales cubren mi cuerpo. Ahora todo es real, mi corazón comienza a latir con mayor fuerza debido a que empiezo a excitarme, miles de pensamientos recorren mi cabeza y poco a poco me acerco más y más a ellos y lógicamente ellos advierten mi presencia. Ya estoy detrás de ellos. No tengo miedo. Ellos voltean lentamente sus oxidadas armaduras y yo simplemente sonrió. Ellos victimas de gestos que denotan la más pura aversión, retroceden. Yo no. yo sigo sonriendo y ellos horrorizado ante esto se precipitan al vacio. Yo suprimo mi sonrisa y observo como caen sus cuerpos al vacio. Esto me hace recordar que ahora, ahora debo descender.

Fin.

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