La madrugada

|
En medio de una noche en la que el cielo se iluminaba atreves de una luna llena, yo me refugiaba en mis propias sombras. Vastas asociaciones invalidas acechaban mi mente, y la noche se acallaba. Aturdido, trataba inútilmente de plasmar mis aflicciones, entonces, desertaba. La madrugada arrullaba constantemente mi ser, que en contraproducencia, despertaba mi angustia. Y entonces, inexpugnable era el sentir. Los perros distantes aullaban a las almas, que ya a esta hora, habían poseído la noche. La tenaz convicción infalible que me aferraba a esto, quizá se debía al vacio. Que yo ya entonces, debía rellenar. Los cigarrillos se consumían ante el arder de las brasas, mientras la inmensa luna, ladeaba al horizonte. Atestada mi imaginación e encontraba, lo cual formaba efímeros encuentros fantasiosos. y entonces, ilusionada se encontraba la noche. Un cielo de matices claros resplandeció ante mí, que ante la abrupta recreación de sus sombras, el cielo purpura disipo. Ya cansada se encontraba la angustia, víctima de los constantes anhelos. Erguido encontré el horror, y abatida mi alma claudico. Pedí al cielo descubriera su encanto, la ilusión somnolienta mascullo: Ya la luna se ha perdido distante. Y entonces, Inefable resulto el terror!

10.09.11
Cp

La Sabana.

|



Ella ha enfermado hace muchos años, no ha podido salir de la cama. Yo me encuentro siempre a su lado, hago lo que puedo. No mucho pero, es lo único que puedo hacer. Le doy de beber mientras despierta y a veces es necesario darle uno que otro alimento. Nuececita estar fuerte. Y yo debo cuidarla. He cambiado la posición de su cuerpo en la cama, para que pueda estar frente a su cuadro preferido el cual he traído de la sala para ella. Es un bonito cuadro. Ella lo sabe y me lo ha hecho creer. En él se aprecia la noche, una mujer y el rio. La mujer camina con su mirada clavada en las rocas, lo cual le da un aspecto de tristeza. También he ido a la bodega y entre tantos libros en completo deterioro, encontré su preferido. Lo hice por ella. En su portada, se aprecia una gotas como distorsionando el rojo vino que lo cubre. Dentro contiene hermosos cuentos que le adormecen el alma, recordando su infancia en donde se entregaba con placer al sueño. Yo me encargo de esta tarea. Todas las noches leo junto a ella en voz grave y áspera, ella lo disfruta de esta manera. Todo esto lo hago con un enorme placer, no deberían pensar que lo hago porque ella ha de morir y soy la única persona que puede realizar esta tarea. Realmente me encanta el ambiente que generamos juntos. Su enfermedad, el cuadro, la luz tenue de la vela y los hermosos cuentos que poco a poco voy relatando con una voz quebrajosa. Todo se vuelve perfecto. He olvidado contarles que debo darle de beber, siempre antes de cualquier cosa, debo sujetar su cabeza y hacer que tome toda su agua. Si no hiciera esto, ella moriría. Cuando ella cae profundamente dormida, suelo sentirme triste y me sumerjo en pensamientos absurdos. Si! Ustedes lo saben, también bajo la sabana y observo sus pechos perfectamente curvados a pesar de su deterioro. Pero mi mirada se clava entre sus pechos y su axila. Debo confesar que me es imposible no extender mi mano y tocar su piel debajo de su axila y lentamente dirigirla hacia sus pechos los cuales cuidadosamente sigo observando pero no debo tocarlos. Tampoco lo deseo. Es suficiente, quizá he contado más de lo que, les podría interesar. Por ese motivo, he aquí el final. Llego a casa, subo al cuarto. La encuentro con sus pechos descubiertos. Alguien más lo ha hecho. No yo. Me asusto y lentamente empiezo a generar fuertes emociones justo al mismo tiempo en que rompo en llanto y huyo del cuarto. Salgo.

Fin.

Hematofobico, cobarde y ausente.

|


Todo es un sueño, lo sé por el maravillo camino estrecho en donde me encuentro. Es casi irreal. En donde todo se derrumba apresuradamente, me aterra ver hacia abajo. Le temo a las alturas. Pero quien necesita ver hacia abajo cuando entre los escombros se figuran rostros, fetos en un llanto eterno, dedos, aves, cráneos, ancianos y grabados rupestres con formas de caballos a mi alrededor. Yo subo cuidadosamente el camino, visualizo 2 personas con armaduras y espadas en la cima. Se sienten victoriosas debido a que han arrojado a alguien hacia el precipicio y llenan sus almas de regocijo y gozo mientras observan los restos de su víctima. Yo camino desnudo y olvido cada trecho que avanzo, me concentro en ellos. Debo matarlos. Me será fácil al llegar a la cima, pero resbalo y mi paso por el camino se vuelve muy lento. No importa, de igual forma avanzo unos centímetros más de lo que retrocedo, esto hará que en cualquier momento me encuentre detrás de ellos. No les temo. Pienso advertirles de mi presencia antes de matarlos. Lo sé, ellos me llevan enorme ventaja al llevar armaduras y espadas entre sus brazos, pero yo no les temo. Y podrán atravesar mi cuerpo con sus espadas mas no moriré antes de verles morir. Sé que no tiene sentido, pero no sé cómo esta idea se aferra a mi cabeza tan fuertemente. Quizá alguien en la entrada del camino me lo ha dicho y yo ya lo he olvidado. Debería pensar y tratar de recordar, pero al intentarlo no le encuentro sentido ya que simplemente tengo la convicción que puedo apagar sus carcajadas burlisticas y su vil regocijo al estar detrás de ellos y me acerco lentamente y trato de no resbalar ya que a esto mis pies se empiezan a agrietar. Camino desnudo y no tengo vergüenza. Un ejército de recuerdos camina conmigo y fuertes almas ancestrales cubren mi cuerpo. Ahora todo es real, mi corazón comienza a latir con mayor fuerza debido a que empiezo a excitarme, miles de pensamientos recorren mi cabeza y poco a poco me acerco más y más a ellos y lógicamente ellos advierten mi presencia. Ya estoy detrás de ellos. No tengo miedo. Ellos voltean lentamente sus oxidadas armaduras y yo simplemente sonrió. Ellos victimas de gestos que denotan la más pura aversión, retroceden. Yo no. yo sigo sonriendo y ellos horrorizado ante esto se precipitan al vacio. Yo suprimo mi sonrisa y observo como caen sus cuerpos al vacio. Esto me hace recordar que ahora, ahora debo descender.

Fin.

La Ventana.

|



Vivo entre la oscuridad, me gusta estar aquí. Me gusta evitar que los destellos de luz no dejen al descubierto nuestros horribles pensamientos. Paso el tiempo mirando la nada en donde dibujo luces de neón y figuras inmensamente maravillosas, que iluminan el rostro del titiritero colgado sobre el techo y me amenaza con sus bruscos movimientos perversos, muevo mis manos agitadamente tratando de encontrar superficies ásperas en donde ellas puedan descansar, camino en círculos como distrayendo mi ambición agonizante y bebo amargamente las botellas casi vacías a mi alrededor. No necesito nada más si estoy aquí. Luego de tan grande ajetreo, me envuelvo entre sueños en donde mi alma encuentra maravillosas y horrendas escenas que hacen arrastrarme u horrorizarme dependiendo los matices de los mismos. Constantemente despierto por las horas frías de la madrugada, algunas veces con sonrisas en mi alma y otras veces con amargos sufrimientos que entre llantos y ahogos me impiden volver a dormir. Quizá dormir es algo que nunca he anhelado. Llevo muchos años aquí, al principio me asustaba constantemente y corría por las calles en busca de ayuda. Ahora he calmado mis miedos y ellos ahora son simples aliados de la oscuridad en donde su misión consiste en desaparecer. Paso muchas horas sentado en esta silla ubicada al otro extremo de la ventana, en donde agudizo mis sentidos constamente y escucho los gemidos a mi alrededor y conversaciones absurdas en las cuales nadie es participe, pero son ellas las que siembran todas las pequeñas palabras que tímidamente repito dentro de mí, como arrullando mi angustia, que lentamente adormecida es víctima de mis violentos reproches. El titiritero una vez a la semana baja del techo y camina hacia la ventana y la abre de par en par e inmensos destellos de luz recorren su piel como si estuviera a punto de arder. Yo no tengo fuerza para detener esto, el sabe que odio cuando lo hace, pero ahora ya no le importa. Y se pasa mucho tiempo con su cabeza erguida mirando al cielo, inútilmente esperando algo. Lo cual me hace tener compasión por él y fuertemente cierro mis ojos y espero a escuchar el crujir de las ventanas al cerrar lo cual a menudo dibuja una leve sonrisa en mi rostro que no puede ser percibida e imagino como él, con resignación retoma su posición en el techo y toma los hilos que agitan fuertemente mis movimientos involuntarios y al terminar nuestro espectáculo sin ningún espectador, soy arrojado al suelo en donde encuentro la comodidad del abandono.

Fin.

Angustia

|
|

Melancolía...

|
Tendencia a la tristeza permanente.