Lo Siniestro.

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I

Al llegar la Noche:
Tome el estrecho callejón a la izquierda, ahí, Lorena me esperaba. Su rostro lánguido proyectaba un terrible descuido así que me limite a decir hola. Sonrió, frunció el seño y callo. Espere los siguientes 37 segundos totalmente anonadado, hasta que ella prosiguió y me exhorto a besarla,  yo tímidamente atraído por mis absurdas emociones, me acerque. Ella se aferro a mí y luego atrapo mi boca en su engaño. La duda broto de mi mente mientras su boca manaba extraños sabores putrefactos, su agresividad calo mis mejillas hasta provocar un fluido de sangre en el cual me ahogaba y sus dientes uno a uno caían presas de nuestro frenético encuentro, yo aterrado ante esto, la separe con violencia y me dirigí a sus ojos. Su mirada terriblemente obsesiva impactaba en mi boca, inmediatamente alzo sus ojos y los situó justo en los míos al mismo tiempo que yo bajaba mi mirada y la situaba en sus labios perfectamente curvados de un leve grosor que dejaban ver la humedad y la sed de nuestra pasión. Luego enloquecí.  Volví a sus ojos, sus pupilas dilataron y lentamente la expresión eufórica plasmada en su rostro desvaneció y adopto un semblante de amargura y sus ojos lloraron mientras iniciaba un suave discurso en el cual aludía a la enajenación en la cual se encontraba profundamente sumergida. Tengo miedo Gemio, mientras intentaba secar un leve brote de lágrimas, estas penas dentro horrorizan todo a mí alrededor, distorsionan lo que es real, me ubican en sentimientos ajenos a mi persona y mi fe se derrumba bruscamente. De pronto todos desaparecen y nadie más importa. He estado encerrada en mi cuarto estos últimos 17 días, -prosiguió-  de los cuales  dormí muy pocas horas y el resto eran agonías y constantes perdidas del juicio, intentaba plasmar en mi libreta semejante tortura pero mis sentimientos se deformaban tras desaparecer con asiduidad. Después de esto hubo un silencioso lapso de tiempo, no supe que decir, eso es todo asi que dirigí su mirada hacia arriba y un cielo purpura deslumbro nuestra noche, era maravilloso, como si la oscuridad en la cual nos encontrábamos de pronto empezaba a tener matises mas claros lo cual produjo en Lorena una leve sonrisa que desfiguro su rostro y yo exaltado por mi intuición, mire hacia abajo y un perro vagabundo rompío el silencio eterno de aquella noche y juntos perseguimos en lento paso del perro con nuestras miradas, hasta verlo salir de donde nos encontrábamos en aquel callejón a la izquierda. Le tome la mano con delicadeza y caminamos a la salida de aquel inhóspito rincón. Al salir tomamos la calle Kennedy hasta llegar a la intercepción que nos conduciría al lugar donde habíamos empezado todo. Al llegar eran las 12 menos cuarto, aquella noche templada hacia recorrer una leve brisa que acallaba las pocas personas que a esa hora transitaban las calles, nos sentamos y esperamos el momento a romper el hielo entre nosotros cuando de pronto divise una silueta que se aproximaba. Era una mujer de edad media que no llegaba a los 40 años, su aspecto desidioso y afligido me hizo recordar a Lorena, volteé a  su lado y durante un perenne asombro vi como en su rostro se dibujaba una leve sonrisa que paulatinamente se agigantaba hasta llegar a la más cruel carcajada, la vi con recelo un largo tiempo mientras la mujer se situaba justo enfrente de nosotros, a esto Lorena se levanto y me advirtió que daría un paseo, dejándome solo con esta mujer delante de mí. Yo proteste por su seguridad pero ella simulo no escucharme y apresuro sus pasos, yo la seguí con mi mirada y juro haber visto como ella se esfumaba entre la oscuridad. Volví mis ojos en dirección de la extraña mujer, vestía una blusa a cuadros que parecía estar desgastada del constante uso y un pantalón de tela roja totalmente descolorado.
De pronto un pánico terrible se apodero de mí mientras ella me observaba con una inmensa placidez lo cual me dejo aun más aterrado. A esto debió  haber pasado aproximadamente 2 minutos y medio desde que Lorena se había marchado y esta señora se situara enfrente de mí con una mirada perdida.  ¿Qué quiere? Exclame, y aun así ella no cambio su postura, luego de un momento intento articular una palabra, su boca entreabierta me lo revelo pero no pudo lograrlo. Me inquieta su tardanza  -repuse - y ella con el más duro esfuerzo plasmado en su rostro y una voz temblorosa y áspera que lentamente se acrecentaba, balbuceo: ¡Sed!  Aquella palabra me dejo atónito, así que le ayude a sentarse y fui en busca de agua a pasos apresurados.  Aquella caminata me ayudo a despejar mi cabeza. Pensé en Lorena y luego en la extraña noche que vivíamos. Cuando de pronto divise un objeto en el suelo, me acerque y no pude creer lo que veía, ¡era una cantimplora! La recogí y rápidamente la abrí, vi que estaba llena de un líquido extraño. Era azul metálico, lo supe al derramar un poco sobre el pavimento y además era muy espeso. Una insólita convicción infalible se aferro a mí en ese momento, y supe que eso bastaría. Volví al sitio donde aquella señora había de esperarme sentada muerta de sed, al llegar se había ido.  Deje caer la cantimplora y una poderosa sensación de nostalgia se apodero de mi alma al ver aquella banca totalmente vacía. Caí desconsolado y totalmente horrorizado, no podía comprender nada de aquella noche y todo aquello empezaba a extrañarme. Luego de un largo rato tirado en el piso reflexionando, me puse en pie, estaba totalmente oscuro y en las calles no se escuchaba ya ningún transeúnte, mire al cielo y me sorprendió su completa nubosidad, una ráfaga de viento me acogió justo cuando empezaba a caminar y el polvo daño mis ojos dejándome momentáneamente sin visión por lo cual rápidamente los frote y al abrirlos entre una vista borrosa e irritada advertí la presencia de aquella maldita señora sentada siempre en el mismo lugar de donde se había marchado, me pasmo ver que en sus manos tenia la cantimplora y la bebía vertiginosamente. Me largue inmediatamente de ahí y mi cuerpo estaba completamente frio, vi una vez más al cielo y esta vez lo contemple totalmente despejado y de un negro oscuro. Aquel extraño día trataba de aniquilar mi juicio. Así que decidí ir a casa y pasar la noche descifrando todo aquello que no encajaba.
Al llegar a casa eran las 1:45 am, encendí el interruptor y una breve y cotidiana descarga eléctrica invadió mi cuerpo. Recordé que tenía un loro. Fui a la cocina, tome su frasco de agua  y me dirigí a su jaula, la abrí con mucho cuidado e introduje el recipiente dentro, el continuaba dormido. Al finalizar mi tarea el recuerdo de aquella señora invadió de nuevo mi mente, camine al escritorio y en eso recordé aquel extraño liquido azul que tomaba de la cantimplora, tuve una extraña premonición así que espantado corrí hasta la jaula y la abrí rápidamente, retire el recipiente y con terror lo tire al suelo, vi como lentamente brotaba de él aquel liquido espeso y de color azul radiante. Era imposible, yo mismo había vertido el agua en el recipiente. Me dirigí a la jaula, la abrí de nuevo con mucho cuidado y trate lentamente de despertarlo acariciando sus plumas, era en vano ya que se encontraba duro como una roca. Había muerto días atrás, y yo ni siquiera me había percatado de ello. Lo lleve al refrigerador y ahí lo deje caer, una pequeña lagrima mojo mi mejía derecha, corrí a la cama, trate de ahogarme con la almohada y rompí en llanto. Llore alrededor de una 1 hora con 13 minutos hasta que empecé a sentir que todo lo que me ahogaba se desvanecía. Dormí.
Al llegar la mañana, desperté, un dolor terrible empezó a martirizar mi cabeza, Salí rápidamente de la cama, experimente una sensación de vértigo y luego las nauseas se manifestaron así que corrí al baño, levante la taza del servicio y fui víctima de fuertes espasmos, trate irremediablemente de calmarlos y en la última contracción, vomite.  Sentí como si piedras punzantes  atravesaban mi  esófago mientras un vomito asquerosamente viscoso caía en el retrete. Intente examinar el resultado de aquella horrible sensación y una vez más encontré un deslumbrante color añil, que manchaba parte del interior del inodoro. Permanecí azorado con mi mirada fija cuando de pronto vi que emergió una pequeña capsula de plástico transparente entre la espuma. Al reponerme, con mucha dificultad me puse en pie, camine al botiquín y alcance un guante que rápidamente puse en mi mano derecha, volví y la pequeña capsula había desaparecido. Enfurecí y empecé a agitar con violencia aquel vomito malditamente absurdo y mi cara era víctima de grandes salpicaduras de aquel viscoso extraño vomito, lo cual provoco que una vez más aquella píldora emergiera entre la espuma por segunda vez, así que rápidamente la tome y me dirigí al lavabo, arroje el guate y di un vistazo a mi rostro tras el espejo del botiquín y observe mi rostro manchado de un espeso índigo color que lentamente descendía por mi frente y mis mejillas, por un momento pensé que algo estaba alterando mi cabeza desde la noche anterior pero hice caso omiso y proseguí. Vi atentamente la píldora y al limpiarla vi que contenía una especie de diminuto papel perfectamente enrollado dentro. Partí en dos la capsula y tome el diminuto papel que luego cuidadosamente extendí. Contenía una  escritura extraña y aun con mi afán de resolverlo, me resulto imposible de descifrar debido a su minúsculo tamaño. Corrí a mi escritorio y jale bruscamente la gaveta y vi como esta caía al suelo tirando todo su contenido alrededor, moví el revoltijo y mi lupa apareció debajo de una pequeña libreta negra en la cual solía llevar ciertos apuntes, la tome y me senté en el escritorio. Al ver atreves de mi lupa el escrito asumí que aquellos garabatos podrían ser Griegos, busque en el librero una empolvada enciclopedia que hacía mucho no había abierto, la puse sobre el escritorio y comencé a hojear sus páginas ya muy desgastadas. Luego de un momento encontré un pequeño artículo sobre el famoso comienzo de la Ilíada de Homero en el que se canta la cólera de Aquiles, con el cual pude comparar mi escrito. Satisfactoriamente concluí en que el texto estaba escrito en griego.
Copie  el escrito a un papel de mayor tamaño y lo arroje sobre el escritorio. Sentí que me desvanecía así que decidí ir a la cama y recostarme unos minutos, eso me hizo sentir mejor y me quede contemplando el techo de mi habitación y empecé a tratar de olvidar estas extrañas cosas en  las que me había visto involucrado. Pensé en si mi juicio estaba siendo alterado y luego un pequeña mancha en el techo me evoco al loro y una vez más mis ojos se humedecieron rápidamente y empezó un amargo llanto que entre sollozos y lagrimas me atormentaron. Pase unos minutos tendido en la cama llorando cuando de pronto precipitadamente me puse en pie y camine hasta el escritorio, tome el escrito que había dejado en él y le eche un vistazo.
El escrito era el siguiente:
μεταλλικό μπλε χρώμα είναι ένα πολύ ισχυρό στην ψυχή, συνδέεται με τη λειτουργία του εγκεφάλου και είναι ένα διεγερτικό για τη φαντασία και η διαίσθηση, είναι επίσης ένα ισχυρό ηρεμιστικό...

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