XX
Caminaba desde hacía, ya mucho tiempo dentro de aquel laberintico camino, era una fría madrugada de un lunes inexistente. Mi paso por el bosque resultaba casi imposible, me encontraba mareado y confuso, pero aun así buscaba mi hogar. Mis ojos tenían el residuo de aquella soledad, lo cual me impedía ver con mayor claridad la oscuridad. Tropezaba entre ramas que caían de los altos Pinus caribaea y dentro de mi alma surgían amargas cavilaciones, las cuales suprimí bebiendo un último trago de la botella que sostenía débilmente en mi mano. La arroje lo mas distante que pude al sentir como si mi Súper Yo emanara una enorme culpa al relacionar el llanto y botellas de ron, cosa que tantas veces en la cabaña había visto con un frio desdén. Buscaba la cabaña, buscaba mi hogar; la buscaba a ella! La extrañaba y más aun, Anhelaba verla, alimentarla; Tocarla.
XVII
Aturdido, me senté debajo de un enorme árbol con una curva hacia un lado, eso le daba aspecto débil, como si el viento dominara todo en aquel ser. Durante un breve periodo de tiempo, permanecí inmóvil, recordando su olor, su mirada, sus besos, sus gestos, sus gritos, sus rezos, sus llantos, su tristeza, ¡su muerte! Mi cuerpo se derrumbo en pedazos, me incorpore y continúe mi intento por encontrar mi hogar, luego de caminar unos cuantos minutos, lo encontré. Ahí estaba la vieja cabaña, llena de recuerdos. Mis recuerdos. Me detuve un instante a pensar en lo melancólico que solía evocar cada recuerdo ya a mi edad. Entonces pensé. Pensé si era correcto entrar, pensé si ella lloraría al verme, pensé si me sentiría cómodo a su lado, pensé si todo sería igual. Recordé su embarazo, recordé que debía nacer pronto. Pero ¿quién? ¿Yo? Si creo que yo era quien tenía que nacer, pero ciertamente me resistía a ello. A mi edad, me resistía casi a todo. Mayormente a lo absurdo, a lo incoherente. Así que suprimí mi manía, mi intranquilidad y finalmente mi angustia y entre.
VII
Un ambiente tétrico me acogió, me sentí por fin en casa. Caminaba lentamente esperando a que mis ojos se adaptaran a la oscuridad, aunque no en su plenitud ya que pequeños destellos de luna entraban por las pequeñas ventanas entreabiertas que dejaban al igual, recorrer una fría brisa por todo mi hogar. La cabaña. Lo conocía todo ahí, sabía perfectamente donde se encontraba colocado cada mueble, el desayunador, los adornos, el perro, las ratas y cada vaso con agua. Extrañamente siempre habían vasos con agua colocados por toda la cabaña. Cuando era niño, siempre solía buscar con frenesí cada vaso escondido en la cabaña e inmediatamente como víctima de una fuerte convicción solía arrojarlos dentro del lavabo. Cuando era niño. Ahora ya no era un niño. Ahora nada me importaba. Así que pase por alto cada vaso que encontraba en mi paso por la cabaña. Mi hogar. Pensé en beber un vaso, pero me sentía mareado aun. No podía. Tampoco debía. Además solo había llegado ahí para encontrarme con ella, Conmigo y su embarazo.
XIII
Llegue a la pequeña sala, ahí todo había cambiado, los vasos se encontraban vacios y colocados en lugares a simple vista. Antes no. Antes todo era distinto. Muy distinto. De pronto al adentrarme más en la sala encontré alguien que dormía en la cama ubicada en la última esquina de la sala, donde antes se encontraba el mueble de madera barata, que mi madre y yo habíamos pintado de negro. Ahí se mostraban las fotografías de mi familia. Me acerque a descubrir quien se encontraba ahí, camine muy despacio ya que, no juego al decir que todo era distinto en la pequeña sala. Además no quería perturbar el sueño de la persona quien dormía ahí. Me di cuenta que era mi abuela, escuche su respiración entre cortada, víctima del asma. Me acerque a su boca y respire junto con ella. Su aliento estaba plagado con olor a alcohol, que yo a mi edad, aun podía reconocer.
IV
Es de suma importancia que revele que a medida que me adentraba dentro de la cabaña. Mi hogar. Me recordaba más y más mi niñez. Pero yo, ya a mi edad, quería saber la hora en que había nacido. ¿Quién? ¿Yo? ¡Sí! A mi edad, yo, ya no recordaba la hora. Así que seguí buscando, supe que mis hermanos no estarían ahí con toda esa oscuridad, así que me sentía libre de caminar con poca coordinación de mi equilibrio. Ya estaba borracho. Camine el pasillo que conducía a los tres cuartos que poseía la cabaña sujetándome de ambos lados del pasillo. El último cuarto era el de ella y yo debía cuidarla. Al llegar a su puerta mi cuerpo temblaba exageradamente, escalofríos recorrían mi espalda hasta llegar a mis manos. Yo por mi parte hacia mi mejor esfuerzo por tranquilizarme, ella podría asustarse si me veía nervioso. Yo no quería amedrentarla. Al paso de unos minutos adapte mi pensamiento a la relajación, ahora me encontraba mejor, así que saque de mi bolsillo derecho las llaves de la puerta y lentamente abrí.
I
Al estar dentro cerré con llave la puerta. No quería que nadie entrara mientras yo me encontrara ahí. Camine suavemente mientras las sombras me dibujaban su figura tirada en la cama, me sentí terriblemente a gusto. Al llegar a su lado, no pude ver su rostro. A su edad, ella ya odiaba la luz. Y yo a mi edad, ya no me importaba nada. Supe que era ella, era tan cómodo y seguro aquel lugar, siempre lo fue. Aun en completa oscuridad. De pronto oí las ratas pasarse locamente por el armario, donde recordaba había guardado mi pequeño acordeón azul, que mi madre me había obsequiado. Pensé en ir a buscarlo ya que me encontraba ahí, pero, ¿a mi edad? ¡Me parecía absurdo! Así que simplemente me a recosté junto a ella, no sé si dormía, no sé si me sentía, no sé si podía oler mi aliento, casi no sabía nada. Todo aquello me parecía mágico e irreal, y de mis ojos brotaban copiosas lagrimas cristalinas junto a una nerviosa risa entre cortada que revelaban destellos de felicidad dentro de mí. Con la mayor ilusión acerque mi mano a su vientre, nunca lo había sentido. Empecé a acariciarlo, cuando de pronto escuche un leve llanto que provenía de ella, escuche más allá del llanto y habían oraciones absurdas. Oraciones y llantos. Su vientre no contenía nada, su embarazo había desaparecido. Me espante, palpe su vientre una vez más, yo no estaba ahí, examine con mis manos la cama suavemente al escuchar un llanto que extrañamente provenía de mi, de pronto mi mano tropezó con un bulto húmedo, era el niño, ya había nacido. Al parecer yo, había llegado tarde, y el más luego de lo previsto. Pero yo estaba ahí para cuidarlos. Sujete al niño entre mis manos, su piel no estaba bien desarrollada así que rompía con mis uñas cada zona de su cuerpo que palpaba. Lo coloque en la cama, la cual se humedeció aun más .Ella susurro un sollozo y suspiro suavemente, mientras agotaba sus palabras en su oración. Yo me encontraba casi en posición fetal a su lado, examinando aun la cama, encontré algo nuevo igualmente húmedo. Eran dos extremidades, las sujete en mis manos y horrorizado me percate que eran los brazos del niño, ella agresivamente incorporo su tronco, vi sus ojos, una mirada exacerbada me impactaba. Ahora podía ver mejor. Algo iluminaba el cuarto con una luz muy tenue casi inútil. Y yo, ¿a mi edad? Ya no conocía la luz. Sujeto al niño entre sus manos y lo levanto. No podría describir con palabras lo que sentí al ver el cuerpo del niño sin sus brazos y de su cuerpo brotaban extraños líquidos que humedecían más y más la cama, de ella. Por fin grito al niño… ¡Nadie te quiere! Y lo arrojo contra la cama, y yo, ¿a mi edad? Solo podía pensar en la muerte.
Fin.
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- - Carlospaz -
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